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Lecciones para startups que puedes aprender de la serie Silicon Valley

Si buscamos la palabra comedia en Google, el buscador nos ofrece la siguiente definición: “Obra dramática, en especial la que muestra lo ridículo, con elementos que divierten y hacen reír, y con un desenlace feliz”. Precisamente, el post de hoy está dedicado a una comedia, una serie de televisión producida por la HBO y titulada Silicon Valley.

Esta serie de TV, creada por Mike Judge (responsable de “Trabajo Basura” y de Beavis and Butt-head), empezó a emitirse en 2014, va ya por su segunda temporada y, como nos podemos imaginar, gira alrededor del mundo de las empresas tecnológicas de Silicon Valley, concretamente, en el ecosistema de startups.

La serie es una sátira sobre el “postureo” de las startups, los eventos, las aceleradoras/incubadoras y los inversores de capital-riesgo; dicho de otra forma, es un análisis ácido que exagera ciertas cosas que, en el fondo, forman parte del día a día de una startup y las muestra en clave de humor.

Me he enganchado a la serie hace poco, básicamente, gracias a mi amiga María que me la recomendó y, la verdad, vale la pena dedicar tiempo a ver los capítulos de 30 minutos que componen esta serie.

Debo advertir, y sin hacer spoilers, que la visión es muy ácida; por tanto, si andas metido en el sector tecnológico o en el de las startups, hay que dejar la mente abierta para reírse un rato de este mundillo y de algunos de los tópicos (y “postureos”) que se acaban viendo.

Además de pasar un buen rato, de esta serie uno puede aprender ciertas cosas. Dejando a un lado el humor, es posible reconocer ciertas situaciones familiares dentro del transcurso de la serie; situaciones que muchas startups viven y que, en el fondo, pueden convertirse en lecciones que aprender para evitar tropiezos durante la puesta en marcha de una empresa.

Sinopsis de la serie

Antes de entrar en materia, creo que es interesante que conozcamos un poco de qué trata la serie y quiénes son sus protagonistas.

La historia gira alrededor de Richard Hendriks, un desarrollador que trabaja para un “gigante” del sector tecnológico de nombre Hooli (y que es una especie de parodia de Google).

Además de trabajar en este gigante de la red, Hendricks vive en una incubadora de startups donde trabaja en un proyecto personal de nombre “El Flautista” (Pied Piper). La incubadora está dirigida por Erlich Bachman, un mentor algo singular que tuvo un gran exit al vender la compañía que fundó y que, básicamente, acoge startups en su casa a cambio de un 10% de la compañía.

En este contexto, Richard decide acudir a una charla TED impartida por Peter Gregory, un inversor de venture-capital que opera en el valle. Tras la charla, Peter atraca, literalmente, a Gregory para hacerle un elevator pitch y hablarle de su proyecto. Al día siguiente, Peter muestra su trabajo a dos desarrolladores de Hooli que, al inicio, se burlan de él pero, finalmente, despierta el interés de la compañía.

En apenas unas horas, Richard se encuentra en una reunión con la plana mayor de Hooli que quiere ofrecerle una cuantiosa suma por su idea y, a la vez, al inversor Peter Gregory que quiere poner dinero para lanzar la startup de Richard tras ver el potencial que tiene.

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Lecciones para startups que se pueden extraer de ver esta serie

Si no has visto la serie, sin duda, la recomiendo. Además de pasar un buen rato, si leemos entre líneas, podemos aprender alguna que otra cosa. Intentaré no hacer demasiados spoilers pero para analizar algunas de las lecciones, no me va a quedar otro remedio que comentar algunos detalles de la serie (aunque intentaré no desvelar demasiados aspectos de la historia).

¿Y qué lecciones puede aprender una startup al ver esta serie?

Lección 1: aceleradoras/incubadoras

Los protagonistas de esta serie viven en la incubadora capitaneada por Erlich Bachman que, realmente, parece no ser una incubadora de impacto.

La incubadora se basa, principalmente, en servicios de alojamiento pero no parece contar con mentores, contactos o inversión; sin embargo, los incubados ceden un 10% de la compañía a la aceleradora.

Contar con una incubadora o con una aceleradora puede contribuir mucho al desarrollo de una startup; sin embargo, es importante investigar un poco y conocer qué propuesta de valor nos están ofreciendo, qué servicios nos brindan, con qué mentores cuenta, con qué casos de éxito cuenta y, sobre todo, qué nos van a pedir a cambio.

Lección 2: pierde el miedo a contar tu idea

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Uno de los principales miedos que tiene un emprendedor es el de contar su idea. Las ideas no tienen valor, lo que cuenta es la ejecución de las mismas y, por tanto, la transformación de una idea en un producto o un servicio real.

A veces, contar tu idea puede ser una oportunidad para recibir feedback que puede aportarte mucho valor, también puede dar pie a captar talento para tu equipo (un nuevo socio, por ejemplo) o puede abrirte las puertas de un posible cliente, socio o, incluso, de una gran compañía que apueste por “adquirir talento” y decida contratarte…


Contar su idea fue el gran impulso de Richard Hendricks, el protagonista de la serie. Hizo el pitch de su vida al abordar a Peter Gregory a la salida de una conferencia y contarle lo que estaba haciendo y, al buscar feedback dentro de los desarrolladores de Hooli, mostró que estaba haciendo algo tan brillante como para llamar la atención de la cúpula de la compañía.

Lección 3: ¿cuánto vale mi startup? ¿cuánto estoy dispuesto a ceder?

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La primera de las consecuencias que tuvo para Richard Hendricks contar su idea fue tener dos ofertas encima de la mesa. Por un lado, Hooli quería adquirir la empresa (y su algoritmo) por 10 millones de dólares (inicialmente le ofrece 4 millones) y, por otro lado, el inversor Peter Gregory le ofrece 200.000 dólares a cambio de un 5% de participación en la compañía.

¿Qué opción elegir? Difícil pregunta pero, desgraciadamente, la vida se fundamenta en la toma de decisiones y en los negocios ocurre algo parecido. Cuánto vale nuestra empresa, cuánto dinero pedimos a un inversor y cuánto le vamos a dar a cambio son preguntas para las que debemos tener una respuesta clara y, además, capacidad para reformular las cifras durante una negociación.

Si nos centramos en los protagonistas de la serie, Peter Gregory ofrece 200.000 dólares por un 5% de la empresa, lo cual quiere decir que valora “El flautista” en 20 x 200.000 dólares (5% es 1/20), es decir, en 4 millones de dólares (la oferta inicial de Hooli). Está valorando en 4 millones una empresa que aún no tiene producto, solamente tiene potencial y, por tanto, considera que en un futuro la empresa valdrá más (por eso invierte). Hooli ofrece 10 millones “en mano” y la posibilidad de que Richard se retire millonario sin haber hecho nada; sin embargo, Richard se decanta por trabajar en su compañía y hacer de “El flautista” algo más grande (no hizo el exit).

Aunque esta situación es exagerada, una startup se enfrenta a negociaciones parecidas: llegar a un foro de inversión, pedir 100.000 € por el 10% de la empresa (valora su empresa en 1 millón de euros) y que un inversor le ofrezca 75.000 € por el 15% (está valorando la empresa en 500.000 €, justo la mitad). ¿Qué hacer? Todo dependerá de las necesidades de financiación que tengamos, de los recursos que tengamos disponibles (cuánta caja nos queda para poder seguir sin inversor) y si, realmente, el inversor es un socio estratégico que nos puede aportar muchas más cosas (visibilidad, contactos, clientes, etc.).

Estos cálculos mentales van a formar parte de nuestro día a día, es fundamental que aprendamos a hacerlos y, sobre todo, estemos facultados por nuestros socios para dar una respuesta a este tipo de envites.

Lección 4: un inversor es como un jefe

Luis Martín Cabiedes es uno de los inversores de capital-riesgo más famosos de España y, recientemente, comentaba en la SER algo que las startups no suelen tener en cuenta:

Los inversores a veces somos un mal necesario, pero no somos el objetivo; déjate de inversores y crea negocios, y si el negocio es bueno a lo mejor te hace falta un inversor. Además, los inversores tienen unas exigencias enormes: si tienes inversores, tienes jefe, y de esto hay muchos emprendedores que no se dan cuenta

Dicho de otra forma, si no necesitas inversión, no vayas detrás de un inversor porque éste, al darte dinero, se convertirá en tu socio y te fijará una serie de objetivos (igual que ocurre en una empresa). Tendrás que reportar tus avances, enviar informes y contar con tu inversor a la hora de pivotar o replantear aspectos estratégicos de la compañía… Si montaste tu empresa para ser tu propio jefe, acaba de caerse un mito: los inversores son tus jefes.

Que el inversor es tu jefe es algo que se puede ver bien en la serie. Peter Gregory, el inversor de “El Flautista”, se reúne con Richard para repasar el plan de negocio y la visión de la compañía, además, también le pide explicaciones por acudir al TechCrunch Disrupt sin habérselo comentado (y eso que Richard es el CEO de la empresa).

El inversor es un compañero de viaje a tener en cuenta. De hecho, dependiendo del porcentaje de participación en la compañía, pueden llegar a tomar parte activa en la gestión y es algo que debemos tener muy en cuenta.

Lección 5: equipo (equilibrado)

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La clave de una startup es el equipo, los inversores y las aceleradoras usan este criterio y tiene todo el sentido del mundo. Un modelo de negocio se puede ajustar pero un equipo sin compromiso o que adolece de una pieza clave (marketing, gestión, finanzas, ventas, desarrollo, etc.) no tiene arreglo por muy buena que sea su idea o su producto.

A los protagonistas de la serie les ocurre algo parecido. Tienen que plantear su plan de negocio y la estructura del equipo a su inversor; sin embargo, antes de sentarse con Peter Gregory, analizan qué hace cada uno y qué aporta a la empresa (también como antesala de las stock options a fijar, es decir, la participación dentro de la sociedad).

Richard tiene un perfil técnico, ejerce de CTO pero a la vez es el CEO de la empresa. Tampoco sabe de gestión, así que recurre a Donald “Jared” Dunn, un empleado senior de Hooli para que le ayude a gestionar “El Flautista” como una empresa. Jared ejerce de controller presupuestario, se hace cargo del desarrollo de negocio y plantea un análisis del equipo actual para ver quién continua y de quién se debe prescindir (una empresa no es un grupo de amigos, hay que profesionalizar la gestión).

El equipo de “El flautista” era técnico, requería de alguien que complementase con la visión de negocio y la gestión. Richard recurrió a Jared y, poco a poco, también tendrá que abandonar la gestión técnica para tomar las riendas de la empresa (suya es la responsabilidad de sentar la visión de la compañía y trazar el rumbo hacia el que deben navegar).

Un buen equipo, que además esté equilibrado y se complemente bien, puede llegar muy lejos. Un equipo que adolezca de algunas de las áreas clave, es posible que no llegue lejos o que avance tan lento que la competencia le acabe rebasando.

Lección 6: evita quemar dinero en cosas inútiles

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Dicen que unos principales problemas que llegan cuando a alguien le toca la lotería es el “gasto descontrolado”. Nos llega dinero, nos venimos arriba y empezamos a gastar sin demasiado control o estrategia.

Puede parecer exagerado pero a las startups les pasa algo parecido: sueldos altos, gastos superfluos, viajes, etc… Quemar dinero sin control es un gran problema porque, sin darnos cuenta, estamos acortando la vida de nuestra empresa (la vida de nuestra empresa es igual al dinero que nos queda entre el dinero que gastamos cada mes en hacer que la empresa funcione).

Por tanto, aunque llegue el cheque del inversor con el dinero, no debemos desviarnos de la austeridad y, por tanto, debemos seguir procurando que nuestros gastos operativos sean bajos. Cuando menos dinero gastemos en cosas superfluas, mayor fondo de maniobra tendremos para encarar imprevistos y para garantizar, al menos durante un tiempo, que podamos seguir trabajando en nuestro producto.

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Los protagonistas de la serie llegan a una situación parecida. Llega el dinero y lo gastan en cosas superfluas como merchandising corporativo (hacen camisetas con un logo que luego cambian y, por tanto, el material no sirve), contratar a un “artista” para que les diseñe un nuevo logotipo y que, incluso, les diseñe una “obra de arte” para decorar sus oficinas… Gastos que nada tienen que ver con el desarrollo del producto y que, al final, lo que hacen es acortar la vida de la compañía.

Lección 7: el objetivo es el producto, no salir en TechCrunch

Fue Analía Plaza la que me comentó una frase clave que más de una startup debería tener en su cabeza: “el objetivo de una startup es facturar, no salir en los medios de comunicación”.

La verdad es que no le falta razón y es uno de los fallos típicos que solemos ver. Para todo hay un momento: buscar inversión, enviar una nota de prensa, hablar de nuestro producto en la prensa… Sin embargo, si hacemos estas cosas antes de ese momento adecuado, lo más seguro es que estemos quemando cartuchos que difícilmente vamos a poder recuperar.

Para una startup en fase inicial, el objetivo es desarrollar un producto excelente que podamos validar en el mercado, ni más ni menos. El objetivo no es hacer un elevator pitch en cualquier evento de startups que se celebre o enviar mil notas de prensa contando que estás desarrollando un producto que aún no existe; primero el producto y luego salir a la calle a contarlo (que teniendo algo tangible, es muy probable que salgamos reforzados).

A los protagonistas de la serie les pasa algo similar, viven una contrarreloj para poder acudir al TechCrunch Disrupt de San Francisco con una demo funcional de su servicio; sin la demo, solamente van a contar ideas y el batacazo puede ser mayúsculo en uno de los eventos de referencia para startups.

Quizás, sin producto, no tendrían que haber acudido; el problema es que esto es algo que se ve demasiado con algunas startups, no tener nada pero acudir a foros de inversión sin más que una presentación en Power Point con una idea sin validar y, por tanto, sin métricas.

Sin duda, creo que es una de las lecciones para startups que hay que tener en cuenta.

Lección 8: aprende de tu cliente

El equipo de “El flautista” pasa por un bache cuando la competencia les adelanta con un producto mucho más completo. Jared sugiere que ha llegado el momento de pivotar, es decir, reajustar el modelo de negocio de la compañía. ¿Y hacia dónde virar? ¿Cuál es el rumbo a tomar? Jared no lo tiene nada claro pero decide hacer algo que muchas startups no hacen: patearse la calle.

Pues sí, Jared apuesta (aunque no con demasiado tino) por salir a la calle a preguntarle a la gente por sus necesidades y recopilar feedback de valor. Puede parecer una tontería, pero una encuesta a los usuarios nos puede ayudar mucho a concebir nuestro producto; al final es el usuario el que tiene que comprarlo, por tanto, debemos escuchar sus necesidades y todo lo que nos tiene que decir.

En la oficina, la gente se acomoda, tienen buena conexión a Internet y aire acondicionado. Sin embargo, desde la “zona de confort” vamos a concebir un producto que posiblemente quede desconectado de las necesidades reales de los usuarios y esa manera de construir el producto, al final, puede que nos pase factura.

Lección 9: ten un abogado cerca

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Carlos Blanco, uno de los business angels más activos de España, suele decirlo en todas sus charlas: Pon un abogado en tu vida y, la verdad, es que no le falta razón.

No podemos pretender saberlo o abarcarlo todo: redactar un pacto de socios, seleccionar el vehículo societario, cuáles son las responsabilidades que tiene el administrador de una compañía, cómo redactar los contratos con nuestros proveedores, cómo redactar los términos de uso de nuestra web (ToS), etc.

Si nuestro equipo es eminentemente técnico, es más que necesario que busquemos un buen abogado para que nos asesore, preferentemente que tenga experiencia con startups y esté acostumbrado al sector tecnológico.

Esta lección es algo que los protagonistas de Silicon Valley aprenden rápido al inicio, no están constituidos como empresa y su inversor los remite a un abogado especialista en empresas tech. El abogado tiene preparados los documentos de constitución, el pacto de socios e, incluso, ha elegido el estado de Delaware como sede social de la compañía (por sus beneficios fiscales)…

Lección 10: para recibir inversión hay que estar constituido como empresa

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Esta lección puede parecer una obviedad pero, en el mundo real, ocurre con bastante frecuencia: posponer ad infinitum la constitución legal de una empresa.

Un inversor no le entrega dinero a un particular, lo pone en una empresa que tiene un pacto de socios, que tiene un vehículo societario adecuado para poder facturar, que tiene su CIF y tiene una cuenta bancaria de la empresa…

Todo esto parece lógico pero cuando “El Flautista” recibe el cheque con su inversión, Richard acude al banco a ingresarlo en su cuenta personal y en la ventanilla aprende la lección de que el cheque es nominativo y está a nombre de la compañía (que por cierto, no está creada), por tanto, no lo puede cobrar hasta que la empresa no esté creada…

Lección 11: registra el nombre

Esto puede parecer otra obviedad pero también puede convertirse en otro error clásico. En el caso de los protagonistas de la serie, “El flautista” era una marca que ya estaba registrada y no era algo que hubiesen investigado con anterioridad a la inyección de capital. Por tanto, tuvieron que terminar negociando con el propietario de la marca la cesión y, evidentemente, no fue algo gratuito.

La Oficina española de patentes y marcas tiene un buscador que nos permite localizar marcas registradas, cuando vamos a constituir nuestra empresa se comprueba que la denominación no esté en uso y en cualquier registrador de dominios podemos comprobar si el dominio que queremos está libre o ya está comprado por alguien.

Todo esto es algo que debemos comprobar antes de “bautizar” a nuestra empresa o producto y, en caso de estar libres y tenerlo claro, hay que protegerse registrando la marca y comprando los dominios para evitar, por ejemplo, que alguien los compre para luego comerciar o negociar con nosotros (y los cazadores de “buenos dominios” abundan por la red).

Lección 12: metodología

En cualquier empresa es importante instaurar procesos que nos ayuden a optimizar esfuerzos y alcanzar nuestros objetivos. Cuando formamos un equipo es necesario trabajar de manera organizada, controlar el tiempo que empleamos en las tareas y, sobre todo, los costes en los que estamos incurriendo (para no “quemar” más dinero de la cuenta).

El equipo de “El flautista” no seguía ningún tipo de planificación u organización del trabajo; llegaron a un punto en el que dos de los desarrolladores estaban trabajando, por separado, en el mismo módulo del sistema (lo cual implicaba desperdiciar recursos). Jared, el más metódico del equipo y que termina adoptando el rol de controller, decide instaurar la metodología scrum para organizar el trabajo y, apoyándose en una pizarra, definir paquetes de trabajo y realizar el seguimiento de las tareas (y quién las estaba ejecutando).

El primer comentario que recibe es “esto se acaba de convertir en un trabajo”; una crítica a la metodología porque parecer “frenar” el ambiente de la startup pero, realmente, una startup es una empresa y ésta necesita su propia cultura de trabajo (algo que también suscita alguna crítica en la serie) y su forma de hacer las cosas.

Scrum es una buena metodología para organizarse (sobre todo en desarrollo) y también podemos recurrir a herramientas como Trello, lo que no podemos es trabajar sin organización alguna porque, de esa forma, será complicado que consigamos desarrollar un producto que satisfaga al mercado.

Imágenes: HBO


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Published inCine y TVStartups

2 Comments

  1. carlosjulianseo

    Tremendo Post, la verdad me ha gustado mucho como has podido resumir cada una de las cosas que has publicado sobre esta serie. Aún la estoy empezando a ver y a decir verdad dice mucho.

    Creo que el spoiler me ha llegado, ya me imagino de que va toda la temporada inicial.

    Saludos.

    • Vale la pena que veas la serie, la vas a disfrutar mucho! 🙂

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